Me encantan los inventos, lo importante de ellos es que, de alguna manera, rompen con la manera común de hacer las cosas o “paradigmas”. El inventor argentino Eduardo Taurozzi dedicó 15 años de su vida al estudio de motores de combustión interna, su pasión y motivación por entenderlos le brindó la oportunidad de desarrollar un motor más eficiente y potente que los motores actuales. Se dice que marcas importantes como Mercedez-Benz y Fiat vierón el motor en acción con ganas de replicarlo en sus series, lamentablmente nunca salió a la luz.
Este nuevo motor plantea que el modelo del motor de combustión interna regular que, con un movimiento rectilíneo alternativo convierte este proceso en un movimiento circular, es poco eficiente debido a la fricción que se genera en los cilindros y elevada lubricación necesaria para lograr una eficiencia considerable, además debido al mismo motivo los motores toman altas temperaturas las cuales deben restarse con otros procedimientos que necesitan más energía restando nuevamente eficiencia. Por el contrario, el modelo pendular plantea que, con un movimiento oscilatorio alternativo sin fricción ni lubricación convertido en un movimiento circular, se consigue una mayor eficiencia y mayor poder debido a que las explosiones en los cilindros son juegan con la “inercia” del nuevo pistón pendular elevando la performancia y reduciendo el consumo de gasolina y calor. ¿Interesante no es así?
Ya en 1977, desde el extinto Banco Nacional de Desarrollo, una entidad que tuvo oportunidad de conocer la idea, se dijo que “tiene altas posibilidades de fabricación por los bajos costos de su estructura productiva y reportaría interesantes ingresos para el país” (Argentina).
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